| |
|
Historia de
La
Fé Bahai
EL BÁB: EL PRECURSOR
En verdad, el
opresor ha sacrificado al Bienamado de los mundos, a fin de extinguir la luz
de Dios entre Sus criaturas y privar a la humanidad del torrente de vida
celestial de los días del Señor, el lleno de Gracia, el Bondadoso.
Bahá'u'lláh8
Cuna
de la Nueva Revelación
Persia, cuna de la
Revelación Bahá'í, ha ocupado un lugar único en la historia del mundo. En
los días de su primitiva grandeza era una verdadera soberana entre las
naciones, sin rival en cuanto a civilización, poderío y esplendor. Dio al
mundo grandes reyes y notables hombres de Estado, profetas y poetas,
filósofos y artistas. Zoroastro, Ciro y Darío, Háfiz y Firdawsí, Sa'dí y
Omar Khayam, no son sino algunos de sus célebres hijos. Sus artesanos fueron
insuperables en habilidad; sus alfombras, incomparables; sus hojas de acero,
sin rival, y su cerámica, famosa en el mundo entero. En el Cercano y Medio
Oriente han quedado huellas de su pasada grandeza.
Pero en los siglos
XVIII y XIX Persia había caído en la más deplorable pérdida; su Gobierno
estaba corrompido y en desesperada crisis financiera; algunos de sus
gobernantes eran débiles; otros, monstruos de crueldad; sus sacerdotes eran
fanáticos e intolerantes, y su pueblo, ignorante y supersticioso. La mayoría
pertenecía a la secta musulmana shi'í,9 pero había también un gran número de
zoroastrianos, judíos y cristianos, de sectas diversas y antagónicas. Todos
pretendían seguir a sublimes maestros que los habían exhortado a adorar al
Dios único y a vivir en amor y unión, pero, a pesar de ello, se rehuían,
detestaban y despreciaban unos a otros, considerando impuras a las demás
sectas y mirando a sus creyentes como a perros o paganos. La maldición y la
execración se levantaban en todas partes. Era peligroso para un judío o para
un zoroastriano caminar por las calles en un día de lluvia, pues, si sus
vestidos húmedos tocaban a un mahometano, éste se sentía manchado y el otro
podría pagar con su vida la ofensa cometida. Si un mahometano recibía dinero
de un judío, de un zoroastriano o de un cristiano, tenía que lavarlo antes
de guardarlo en su bolsillo. Si un judío encontraba a su hijo dando un vaso
de agua a un mendigo mahometano, arrebataba el vaso de las manos del niño,
pues eran maldiciones y no caridad lo que merecían los infieles. Los mismos
musulmanes estaban divididos en muchas sectas que, con frecuencia, luchaban
ferozmente entre ellas. Los zoroastrianos no tomaban gran parte en estas
mutuas recriminaciones, pero vivían en comunidades aparte, negándose a
asociarse con sus compatriotas de otras religiones.
Las relaciones
sociales, así como los asuntos religiosos, se hallaban en irremediable
decadencia. La educación estaba descuidada. La ciencia y el arte
occidentales eran vistos como impuros y contrarios a la religión. La
justicia era burlada. El robo y el pillaje eran hechos corrientes. Los
caminos eran malos y peligrosos para viajar. La higiene era terriblemente
defectuosa.
Pero, a pesar de
todo esto, la luz de vida espiritual no se había extinguido en Persia. Acá y
allá, entre la frivolidad y la superstición, se podían aún encontrar algunas
almas santas y más de un corazón sentía el anhelo de Dios, como lo sentían
los corazones de Ana y Simeón antes del advenimiento de Jesús. Muchos
esperaban ardientemente la llegada de un prometido Mensajero de Dios y
confiaban en que el tiempo de Su advenimiento ya hubiera llegado. Tal era el
estado de cosas en Persia cuando el Báb, el Heraldo de una nueva era,
conmovió al país entero con Su mensaje.
Primeros Años
Mírzá 'Alí Mu¥ammad,
Quien más tarde adoptó el título de Báb (Puerta), nació en Shíráz, en el sur
de Persia, el 20 de octubre de 1819 d.C.10 Era un siyyid, es decir,
descendiente del Profeta Mu¥ammad. Su padre, un comerciante muy conocido,
murió poco después de Su nacimiento, siendo entonces confiado a la custodia
de un tío materno, comerciante de Shíráz, quien lo crió. En Su niñez
aprendió a leer y recibió la acostumbrada educación elemental del niño.11 A
la edad de quince años entró en el comercio, primero con Su tutor y más
tarde con otro tío que vivía en Búshihr, en la ribera del Golfo Pérsico.
En Su juventud se
distinguió por Su gran belleza física y Sus simpáticas maneras, así como por
Su excepcional piedad y carácter. Era firme en Su cumplimiento de las
oraciones, ayunos y otras ordenanzas de la religión islámica. No obedecía la
letra, sino que vivía en el espíritu de las ordenanzas del Profeta. Se casó
a los veintidós años de edad. De ese matrimonio nació un hijo que murió
siendo niño, en el primer año de la misión pública del Báb.
Declaración
Al cumplir los
veinticinco años, y respondiendo a una orden divina, declaró que "Dios, el
Altísimo, lo había elegido para la posición de Báb". Leemos en A Traveller's
Narrative12:
Lo que Él quería
decir con la palabra "Báb" era esto: que Él constituía el conducto de la
gracia de un gran Ser todavía oculto detrás del velo de gloria, Quien poseía
incontables e infinitas perfecciones, por Cuya voluntad Él actuaba y a Cuyo
amor estaba sujeto.13
En aquel entonces,
la creencia en la aparición inminente de un Divino Mensajero prevalecía
especialmente entre los miembros de una secta conocida como los shaykhíes, y
fue a un distinguido sacerdote de esta secta, Mullá Æusayn Bushrú'í, a quien
primero anunció Su misión. La fecha exacta de esta declaración está dada en
el Bayán, uno de los escritos del Báb, como: dos horas y once minutos
después de la puesta del sol, la víspera del quinto día del mes de
Jamádíyu'l-Avval, 1260 D.H.14 'Abdu'l-Bahá nació en el curso de la misma
noche, pero no ha sido establecida la hora exacta de Su nacimiento. Después
de algunos días de ansiosa investigación y estudio, Mullá Æusayn se
convenció firmemente de que el Mensajero por tanto tiempo esperado por los
shi'íes había verdaderamente aparecido. Su ardiente entusiasmo sobre este
descubrimiento fue pronto compartido con varios de sus amigos. Poco después,
la mayoría de los shaykhíes habían aceptado al Báb, llegando a ser conocidos
como bábís, y en muy corto tiempo la fama del joven profeta comenzó a
esparcirse como una llama a través de todo el país.
Difusión
del Movimiento Bábí
El Báb y Sus
primeros dieciocho discípulos, formando un grupo de diecinueve, fueron
conocidos por el nombre de "Letras del Viviente". El Báb envió a Sus
discípulos a las diferentes regiones de Persia y del Turquestán para
difundir la nueva de Su advenimiento. Al mismo tiempo, Él emprendió la
peregrinación a La Meca, adonde llegó en diciembre de 1844; y una vez allí,
declaró abiertamente Su misión. A su regreso a Búshihr, el anuncio de Su
misión de Báb causó entre todos una gran excitación. El fuego de Su
elocuencia, la maravilla de Sus rápidos e inspirados escritos, Sus
conocimientos y sabiduría extraordinarios, Su intrepidez y celo como
reformador, levantaron el más grande entusiasmo entre Sus discípulos, pero
excitaron un odio y una alarma de igual intensidad entre los musulmanes
ortodoxos. Los doctores de la secta shi'í lo denunciaron con vehemencia y
persuadieron al gobernador de Fárs, Æusayn Khán, gobernante tiránico y
fanático, a que emprendiese el exterminio de la nueva herejía. Entonces
comenzó para el Báb la larga serie de encarcelamientos, deportaciones,
interrogatorios ante los tribunales, castigos e insultos de todas clases,
que sólo terminaron con Su martirio en 1850.
Posición
del Báb
La hostilidad
levantada por la declaración de ser Él el Báb aumentó cuando el joven
reformador declaró que Él era el mismo Mihdí (Mahdí), cuyo advenimiento
había sido anunciado por Mu¥ammad. Los shi'íes identificaron a dicho Mihdí
con el duodécimo Imán15 que había desaparecido misteriosamente de la vista
de los hombres hacía mil años. Creían que aún vivía y que reaparecería en el
mismo cuerpo, interpretando en un sentido material las profecías relativas a
su dominio, su gloria, sus conquistas y los "signos" de su advenimiento, así
como los judíos en tiempo de Cristo interpretaron las profecías relativas al
Mesías de modo semejante. Esperaban que reapareciera con una soberanía
terrestre y un ejército innumerable y proclamara su religión. Creían, entre
otras cosas, que resucitaría a los muertos. No habiendo aparecido estos
signos, los shi'íes rechazaron al Báb con el mismo feroz escarnio que los
judíos manifestaron hacia Jesús. Los bábís, por otro lado, interpretaron
muchas de las profecías en sentido simbólico. Consideraron la soberanía del
Prometido, así como la del "Hombre de las Amarguras" de Galilea, como una
soberanía mística; Su gloria, como espiritual y no terrestre; Sus
conquistas, como victorias sobre las ciudadelas de los corazones de los
hombres, y encontraron suficientes pruebas de la misión del Báb en Su vida y
en Sus maravillosas enseñanzas, en Su fe inquebrantable, en Su invencible
constancia y en Su poder para resucitar a la vida espiritual a aquellos que
habían caído en el error y la ignorancia.
Pero el Báb no se
detuvo con la afirmación de ser el Mihdí. Adoptó el título sagrado de "Nuqtiyiulá"
o "Punto Primordial". Éste era un nombre dado a Mu¥ammad por Sus discípulos.
Los mismos Imanes tenían menor importancia que el "Punto", del cual
derivaban su inspiración y autoridad. Al asumir este título, el Báb afirmaba
Su rango, como Mu¥ammad, en la serie de grandes Fundadores de religiones, y
por esta razón fue mirado por los shi'íes como un impostor, como lo habían
sido Moisés y Jesús antes que Él. Hasta inauguró un nuevo calendario,
restituyendo el año solar y fijando el principio de la nueva era desde el
año de Su propia declaración.
La
Persecución Aumenta
Como consecuencia
de las declaraciones del Báb y la rapidez alarmante con la cual gentes de
todas clases, ricos y pobres, instruidos e ignorantes, respondían
ardientemente a Sus enseñanzas, las tentativas para suprimirle fueron más y
más implacables. Los hogares fueron saqueados y destruidos, y las mujeres
raptadas. En Teherán, en Fárs, en Mázindarán y otras ciudades, dieron muerte
a gran número de creyentes. Muchos fueron decapitados, ahorcados, disparados
por la boca de cañones, quemados o despedazados. Pero, a pesar de todos los
intentos de represión, el movimiento progresaba. Es más, a causa de esta
misma opresión, la certeza de los creyentes aumentaba, pues, de este modo,
muchas de las profecías concernientes a la llegada del Mihdí se cumplían
literalmente. En una tradición escrita por Jábir, que los shi'íes consideran
auténtica, podemos leer:
En Él estarán la
perfección de Moisés, la hermosura de Jesús y la paciencia de Job; en Su
tiempo serán humillados Sus santos y sus cabezas se cambiarán como
presentes, como son cambiadas las cabezas de los turcos y los deilamitas;
serán asesinados y quemados, y serán amedrentados, aterrorizados y
acobardados; la tierra será regada con su sangre y el lamento prevalecerá
entre sus mujeres. En verdad, éstos son mis santos.16
Martirio
del Báb
El 9 de julio de
1850,17 el Báb mismo, que entonces contaba treinta y un años, cayó víctima
del furor fanático de Sus perseguidores. Acompañado por un devoto y joven
discípulo llamado Áqá Muhammad 'Alí, quien había suplicado ardientemente que
se le permitiera compartir el martirio de su Maestro, fue llevado al
patíbulo en la vieja plaza de Tabríz. Poco más o menos dos horas antes del
mediodía, ambos fueron suspendidos por medio de cuerdas colocadas debajo de
los brazos, de tal manera que la cabeza de Mu¥ammad 'Alí reposaba sobre el
pecho de su amado Maestro. Un regimiento de soldados armenios fue formado y
recibió orden de hacer fuego. Sonó la descarga, pero cuando la humareda se
hubo disipado, se encontró que el Báb y Su compañero estaban vivos. Las
balas no habían hecho sino cortar las cuerdas que los suspendían, dejándolos
caer al suelo sanos y salvos. El Báb se retiró entonces a una habitación
cercana, donde Lo encontraron en conversación con su amanuense. Hacia el
mediodía fueron nuevamente suspendidos. Los armenios, que consideraron como
un milagro el resultado de su descarga, se negaron a disparar de nuevo y fue
necesario traer otro grupo de soldados, a los que se les dio orden de hacer
fuego. Esta vez la descarga tuvo efecto. Los cuerpos de las víctimas fueron
acribillados por las balas y horriblemente mutilados, aunque sus rostros
apenas fueron tocados.
Por este acto vil
la plaza del cuartel de Tabríz se convirtió en un segundo Calvario. Los
enemigos del Báb experimentaron una culpable satisfacción de triunfo,
pensando que el odiado árbol de la Fe Bábí había sido arrancado de raíz y
que su completa eliminación sería fácil. Pero su triunfo duró bien poco. No
comprendieron que el Árbol de la Verdad no puede ser tronchado por un hacha
material. ¡Si tan sólo hubiesen sabido que su mismo crimen daba más vigor a
la Causa! El martirio del Báb colmó Su propio acariciado deseo e inspiró en
Sus discípulos una fe aún más grande. Tal era el fuego de su entusiasmo
espiritual, que las tempestades de la persecución no hicieron más que
atizarlo. Mientras más se procuraba extinguirlo, más altas se elevaban las
llamas.
La
Tumba sobre el Monte Carmelo
Después del
martirio del Báb, Sus restos, así como los de Su devoto compañero, fueron
abandonados a la orilla del foso, fuera de los muros de la ciudad. En la
segunda noche fueron recogidos a medianoche por algunos de los bábís y,
después de haber permanecido ocultos durante años en depósitos secretos en
Persia, fueron finalmente llevados con gran riesgo y dificultad a Tierra
Santa. Ahora están sepultados en una tumba bellísimamente situada en la
falda del Monte Carmelo, no lejos de la cueva de Elías y a unos cuantos
kilómetros solamente del lugar en donde Bahá'u'lláh pasó Sus últimos años y
donde reposan ahora Sus restos. Entre los millares de peregrinos que llegan
de todas partes del mundo a rendir su homenaje ante la tumba sagrada de
Bahá'u'lláh, ninguno olvida ir a rezar en el Santuario de Su Predecesor y
devoto amado el Báb.
Los
Escritos del Báb
Los Escritos del
Báb fueron voluminosos, y la rapidez con que componía elaborados
comentarios, profundas exposiciones y elocuentes plegarias, sin estudio o
meditación previa, era considerada una de las pruebas de Su divina
inspiración.
El contenido de Sus Escritos ha sido resumido así:
Algunos de éstos
(los Escritos del Báb) eran comentarios e interpretaciones de los versículos
del Qur'án; algunos eran plegarias, homilías y alusiones acerca del
verdadero sentido de ciertos pasajes; otros eran exhortaciones,
admoniciones, disertaciones sobre los diferentes aspectos de la doctrina de
la Unidad Divina... estímulos para mejorar el carácter, para desprenderse de
las cosas de este mundo y confiar en la inspiración de Dios. Pero la esencia
e intención de estas composiciones era alabar y describir a aquella Realidad
que muy pronto aparecería y la cual era Su objeto y fin, Su amada y Su
deseo. Pues consideraba Su propia aparición como la de un mensajero de una
Buena Nueva y Su misión esencialmente la de preparar el camino para la
manifestación de las supremas perfecciones de Aquél. Y, en verdad, no cesó
un solo instante de celebrarlo noche y día, y solía manifestar a Sus
discípulos que debían esperar Su advenimiento, de tal forma que declara en
Sus Escritos: "Soy una letra de ese Libro todopoderoso, una gota de ese
océano sin límites, y cuando Él aparezca, mi verdadera naturaleza, mis
misterios, mis parábolas y mis alusiones se harán evidentes y el embrión de
esta religión se desarrollará a través de los grados de su existencia y
ascensión; alcanzará la condición de 'la más bella de las formas' y se
adornará con la vestidura de '¡Bendito sea Dios, el Mejor de los
Creadores!'" ... Y tan inflamado estaba en la llama de Aquél, que el
evocarlo le servía de brillante antorcha en las sombrías noches de la
fortaleza de Máh-Kú, y pensar en Él era Su mejor compañía en las penurias de
la prisión de Chihríq. Así obtenía libertad espiritual con Su vino se
embriagaba, y se regocijaba con Su recuerdo.18
Aquel a Quien Dios
Manifestará
El Báb ha sido
comparado con Juan el Bautista, pero Su misión no fue solamente la de
heraldo o precursor. El Báb, en Sí mismo, era una Manifestación de Dios, el
Fundador de una religión independiente, aun cuando esa religión estuvo
limitada en el tiempo a un cierto número de años. Los bahá'ís creen que el
Báb y Bahá'u'lláh fueron Cofundadores de su Fe; Bahá'u'lláh mismo atestiguó
esta verdad con las siguientes palabras: "Que un lapso tan breve haya
separado esta tan poderosa y maravillosa Revelación de Mi propia anterior
Manifestación, es un secreto que ningún hombre puede desentrañar, y un
misterio tal, que ninguna mente puede penetrar. Su duración estaba
preordenada, y jamás hombre alguno habrá de descubrir su motivo hasta que no
se haya informado del contenido de Mi Libro Oculto". En Sus referencias a
Bahá'u'lláh, sin embargo, el Báb reveló un absoluto desprendimiento,
declarando que en el día de "Aquel a Quien Dios manifestará: 'Si alguien
oyera un solo versículo de Él y lo recitara, será mejor que si recitara mil
veces el Bayán (la Revelación del Báb)'".19
Se consideraba
feliz de sufrir todas las aflicciones si con ello facilitaba, aun cuando
sólo fuese un poco, el camino de "Aquel a Quien Dios manifestará" y que era,
según lo declara, la única fuente de Su inspiración y el único objeto de Su
amor.
Resurrección,
Paraíso e Infierno
Una parte muy
importante de las enseñanzas del Báb es Su explicación de los términos
Resurrección, Día del Juicio, Paraíso e Infierno. La Resurrección, dice,
significa la aparición de una nueva Manifestación del Sol de la Verdad. La
Resurrección de los muertos significa el despertar espiritual de aquellos
que duermen en las tumbas de la ignorancia, de la negligencia y del pecado.
El Día del Juicio es el Día de la Nueva Manifestación; mediante la
aceptación o rechazo de Su Revelación las ovejas son separadas de las
cabras, ya que las ovejas conocen la voz del Buen Pastor y Lo siguen. El
Paraíso es la alegría de conocer y amar a Dios, como Se revela a través de
Su Manifestación, por la que el hombre llega a alcanzar la más alta
perfección de que es capaz y, después de su muerte, lograr entrar en el
Reino de Dios y en la vida eterna. El Infierno es simplemente la privación
del conocimiento de Dios, que tiene como consecuencias la imposibilidad de
llegar a obtener la perfección divina y la pérdida del eterno favor. Y
declara, definitivamente, que estos términos no tienen otro sentido aparte
de éste; y que las generalizadas ideas relativas a la resurrección de la
carne, al infierno y paraíso materiales y cosas semejantes, no son más que
ficciones de la imaginación. Enseñó que el hombre tiene una vida después de
la muerte, y que en esa vida del más allá el progreso hacia la perfección no
tiene límites.
Enseñanzas
Sociales y Morales
En sus Escritos
el Báb dice a Sus discípulos que deben distinguirse por su cortesía y amor
fraternal; que deben cultivar las artes y oficios útiles; que la instrucción
elemental debe generalizarse. En el nuevo y maravilloso orden que se inicia,
las mujeres tendrán más libertad. Los pobres deben ser mantenidos por el
tesoro común, pero la mendicidad está estrictamente prohibida, así como el
uso de licores intoxicantes como bebida.
La guía de la
conducta del verdadero bábí debe ser el amor puro, sin esperanza de
recompensa ni temor al castigo. Así dice Él en el Bayán:
Adora a Dios de
tal modo que si la recompensa fuera el fuego no se alteraría tu adoración
por Él. Si Lo adoras por miedo, esta adoración es indigna de traspasar el
umbral de la Santidad de Dios... Así también, si tus ojos se fijan en el
Paraíso y Le adoras con esa esperanza, estás asociando la creación de Dios
con Él.20
Pasión y Triunfo
Esta última cita
revela el espíritu que animó toda la vida del Báb. Conocer y amar a Dios,
reflejar Sus atributos y preparar el camino de Su próxima Manifestación.
Éstos fueron el único objeto y fin de Su existencia. Para Él la vida no
tenía terrores ni la muerte le espantaba, porque el amor había disipado todo
temor, y el mismo martirio no era sino el rapto de entregarse íntegro a los
pies de Su Bienamado.
¡Qué extraño que
esta alma pura y bella, que este Maestro inspirado por la Verdad Divina, que
este hombre amante de Dios y de Su prójimo, haya sido odiado y condenado a
muerte por los supuestos religiosos de Su día! Sólo prejuicios irreflexivos
u obstinados pudieron cegar a los hombres hasta el grado de impedirles ver
que Él era realmente un Profeta, un Santo Mensajero de Dios. No poseía ni
gloria ni grandeza mundanas, pero ¿cómo pueden probarse el poder y el
dominio espiritual sino por la habilidad de no necesitar ayuda terrenal
alguna para triunfar sobre toda oposición terrenal, aun la más poderosa y
virulenta? ¿Cómo se puede demostrar el Amor Divino a un mundo incrédulo sino
por la capacidad para resistir los más duros golpes, las calamidades, las
aceradas flechas del dolor, el odio de los enemigos y la traición de los
falsos amigos, y para levantarse con serenidad por encima de todo ello, sin
acobardarse, sin sentir rencores, listo a perdonar y bendecir?
El Báb ha
resistido y el Báb ha triunfado. Miles han atestiguado la sinceridad de su
amor por Él, sacrificando sus vidas y todo lo suyo en Su servicio. Bien
pueden los reyes envidiar Su poder sobre los corazones y vidas de los
hombres. Además, "Aquel a Quien Dios hará manifiesto" ha aparecido, ha
confirmado las declaraciones y aceptado la perfecta devoción de Su Precursor
y lo ha hecho partícipe de Su gloria.
|
|