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Clase de Niños /
Ciencia y Religion
Declaración sobre Educación y la Libertad de Creencias
La Comunidad Internacional
Bahá'í presentó ante la Conferencia Internacional Consultiva sobre Educación
Escolar con relación a la Libertad de Religión y Creencias, Tolerancia y
No-discriminación, (una conferencia de la Naciones Unidas realizada en
Madrid del 23 al 25 de Noviembre de 2001), una declaración titulada
"Creencia y Tolerancia. Luces en medio de la Oscuridad". El texto completo
de esta declaración sigue a continuación:

El espíritu
humano debe ser libre para aprender. Comprender quienes somos, cual es el
propósito de nuestra existencia y como debemos vivir nuestras vidas, es un
impulso básico de la conciencia humana. Es por esta razón que las
enseñanzas bahá'ís afirman que "La conciencia del hombre es sagrada y debe
ser respetada".
La búsqueda de la verdad -osea
ver con "nuestros propios ojos y no a travéz de los ojos de los demás"- es
emprender un proceso de descubrimiento espiritual con un alto sentido de
justicia y apertura. Es por su propia naturaleza un proceso creativo y
transformador; si se realiza con sinceridad y honradez, puede dotar al
buscador de conocimiento "un nuevo ojo, un nuevo oído, un nuevo corazón y
una nueva mente". El alma racional es así despertada a las capacidades de
bondad, paciencia y compasión que yacen dentro de sí. Claramente, el anhelo
humano por la verdad es un poder que no puede ser atado, dado que sin la
libertad para conocer, la naturaleza humana continúa siendo prisionera de
los instintos, la ignorancia y el deseo.
En medio de una edad
convulsionada por crisis morales y desintegración social, la necesidad por
comprender quienes somos como seres humanos es vital para lograr paz y
bienestar duradera. Históricamente tal discernimiento sobre la existencia y
el comportamiento humano ha sido proporcionado por la religión. Sus
funciones indispensables, el de dirigirse hacia esa inclinación universal
por la trascendencia y su rol esencial como civilizador del carácter humano
a través de las edades, han sido esencial para definir la identidad humana
como también promover el orden social. A travéz del cultivo de la
naturaleza espiritual de la humanidad, la religión ha ennoblecido la vida de
la gente en todas partes y ha engendrado cohesión y unidad de propósito
dentro y a travéz de las sociedades. La religión, en su verdadero sentido,
provee la urdimbre y la trama del tejido social -las creencias compartidas y
la visión moral que une a la gente en comunidades y que proporciona
dirección tangible y sentido a la vida individual y colectiva. El derecho
de ejercer la libertad de conciencia en asuntos de religión y creencia es
por lo tanto no solo crucial para satisfacer las insinuaciones espirituales
del alma aspirante sino también para la empresa de construir patrones
armoniosos y equitativos de vida.

La coerción en asuntos de
fe invalida los principios mismos de la religión. Puesto que el compromiso
solo puede nacer de creencias que son libremente escogidas. El derecho a la
libertad de pensamiento, conciencia y creencia ahora codificados en
instrumentos de derechos humanos internacional encuentra sus raíces en las
escrituras de las religiones mundiales. Este hecho nos debe asegurar a cada
uno de nosotros que no hay porque temerle a la verdad, puesto que tiene
muchas facetas y cobija a todas nuestras diversas expresiones de fe. Si
después de todo, la gente de fe religiosa cree que el Creador es eterno y
que constituye el centro de toda la existencia, entonces también tienen que
creer que la búsqueda de la verdad genuina y sin restricciones, nos llevará
a la verdad.
La eliminación de todas
las barreras a la libre exploración, aceptación y expresión de creencias
religiosas es crítica para poder lograr el objetivo de crear una cultura
universal de derechos humanos. Sin embargo, para aclarar el camino hacia un
diálogo constructivo acerca del papel de la religión en el establecimiento
de la justicia social, es necesario rendir cuentas de su papel histórico.
Que la religión haya sido responsable de inmensos sufrimientos no puede ser
negado. Mucha oscuridad y confusión puede ser atribuida a aquellos que se
han apropiado de los símbolos e instrumentos de la religión para sus propios
propósitos egoístas. El fanatismo y el conflicto han envenenado el pozo de
la de la tolerancia y representa expresiones corruptas de los verdaderos
valores religiosos.
Como consecuencia la
vigilancia es necesaria para salvaguardar el poder transformador de la
religión de las fuerzas de extrema ortodoxia por un lado y de irresponsable
libertad por otra. "El propósito de la religión", dice Bahá'u'lláh "...es
la de establecer la unidad y la concordia entre los pueblos del mundo; no la
hagas la causa de disensión y sufrimiento". En la unidad -una unidad que
abraza y honra la plena diversidad de la humanidad- todos los problemas
pueden ser resueltos. Cuando se aplican como una base universal, las
enseñanzas que indican que debemos tratarnos unos a otros como quisiéramos
que nos traten, una ética repetida en todas las grandes religiones, podrá
sin duda revelar el saludable poder de la unidad.
La construcción de una
sociedad global basada en la cooperación, la reciprocidad y la genuina
preocupación por los demás representa la más alta expresión de acción
unificada. En otras palabras, los valores espirituales medulares que son
comunes a las religiones mundiales contienen dentro de sí los medios
principales para la reconciliación y el adelanto de los pueblos de la
tierra. A travéz de estos valores y el compromiso al que ellos inspiran,
"Las mentes, los corazones y todas las fuerzas humanas son reformados, se
aceleran las perfecciones, las ciencias, los descubrimientos y la
investigación son nuevamente estimuladas y todo aquello que pertenece a las
virtudes del mundo humano es revitalizado".ä
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